FEPFI

(Federación española de profesionales de la fotografía y de la imagen)

FEPFI Ritratto Antonio Fascicolo 2010

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Semplicemente un bellissima sorpresa!!!

Questa settima ho provato a fare un tuffo nel passato, sfogliando il materiale accumulato nella mia biblioteca nel corso di questi ultimi anni. E’ riapparsa una rivista – con copertina verde quasi anonima – con su scritto FEPFI (Federación española de profesionales de la fotografía y de la imagen). Probabilmente non ho mai avuto la possibilità di raccontarvi questa magnifica esperienza, una settimana intensa e ricca di fotografia vissuta in Portogallo.

Era Marzo del 2010, quando un gruppo di colleghi portoghesi, mi ha invitato a tenere il vernissage della loro kermesse. Abbiamo organizzato per l’occasione uno shooting che si è rivelato da subito molto coinvolgente. Incontrare e impattare la loro “cultura” in tema di matrimonio è stata una ulteriore occasione per arricchire la mia conoscenza e scatenare la mia immaginazione. Nei giorni successivi all’inaugurazione mi hanno dato la possibilità di tenere un workshop per raccontare il mio stile fotografico ed anche questa si è rivelata una circostanza che mi ha dato la possibilità di crescere. Numerose sono state le domande che mi sono stare rivolte; a molte di queste son riuscito a rispondere, altre invece sono diventati interrogativi che ho portato via con me e che mi hanno aperto scenari di ricerca per il mio carattere fotografico.

Vi ripropongo in questo post l’intera intervista con le pagine che mi hanno riservato sulla loro rivista.

Ancora grazie amici/colleghi di FEPFI ed a quanti ho incontrato nel corso di questo magnifico evento.. Marcos Paulo Pinto, Belén CaballeroKatrin Eismann, Henk van Kooten, Clemente Jimenez, José Luis de Román

Altre pubblicazioni di FEPFI

FEPFI Ritratto Antonio Fascicolo 2010

Portugal. Marzo, 2010 Texto: © José Luis de Román Retrato: © Belén Caballero – Canon 5D Mark II

FEPFI (Federación española de proFesionales de la FotograFía y de la imagen)

ves sus fotos y luego le conoces, entiendes la esencia de esas imágenes. Si le conoces y luego ves sus fotos, entiendes la esencia de este fotógrafo. Estrovertido y elegante, Antonio Fascicolo (Bari. Italia, 1961) es tal vez reflejo de esa ciudad costera en la que reside junto a la luz del Adrático. Alegre y extremadamente sensible a la belleza es uno de los referentes en la fotografía de boda en Europa.

Hábil con la composición y la manera de interpretar la luz ha sido uno de los impulsores de la imagen metropolitana vinculada al evento del matrimonio. Deja que la pareja se integre en la ciudad y convierte un paseo en una galería de fotos urbanas llenas de glamour, de espontaneidad y estilismo, pero sin dejar de controlar en cada momento los espacios.

Vallas publicitarias, escaparates, carteles, señales… pasan a formar parte de la imagen y se convierten en complices de los recién casados, que sacan así su lado más distendido y divertido bajo la dirección de este fotógrafo.

Fascicolo disfruta con su trabajo. Su personalidad y su energía empatizan con los modelos y sus acompañantes, de forma que la sesión se transforma a su vez en un evento en el cual todo parece fluir con naturalidad, y así es, pero siempre respondiendo a los parámetros y la manera de entender la fotografía de este profesional.

La precisión, una técnica depurada y esa mirada analítica e instintiva para captar la luz son algunas de las cualidades de Antonio Fascicolo que le ayudan a prescindir del reencuadre posterior en el ordenador, así como del retoque de cuerpos y rostros, lo que le proporciona una gran agilidad en el proceso de postproducción.

QEP en Boda, y galardonado con importantes premios internacionales, también domina la fotografía de moda y estudio, a la cual quiere dar más cabida en su obra a lo largo de los próximos años. Habitual ponente en cursos y talleres, Fascicolo fue uno de los invitados en las Jornadas de Cullera, así como en el último congreso de la Asociación de Fotógrafos Profesionales de Portugal.

¿Su primer contacto con la fotografía?

Sí, muy bien. Empecé que era bastante joven, tenía me parece 18 años, 19 años, en plan de juego porque empecé por la cámara oscura, porque procedo de una familia que estaba metida en el mismo sector, en la misma profesión y que, entre comillas, casi me obligó a hacer determinadas cosas. Y yo un día descubrí que tenía esa pasión por la fotografía. Y como dijo Mile Davis “Aquí tienes la trompeta, ahora toca tú”, me dieron la cámara y “ahora sigue tú”,

¿me explico? Y fue así que, en muy poco tiempo, empecé mi trayectoria fotográfica. Como dice aquí, el salto de la cámara oscura a la luz fue repentino.

 


¿Y cuándo se dio cuenta de que la fotografía iba a ser su profesión?

Primero empecé por pasión, porque aunque

trabajara con ellos, dentro de la fotografía de bodas, tenía pasión por la fotografía, con lo cual me dedicaba a la investigación, a la experimentación… ¿sabes? Viajé mucho por Italia, siempre como fotógrafo, era freelance y en 1988, el

8 de diciembre, estrené mi estudio fotográfico en un pueblo cerca de Bari, aunque yo soy de Bari, en un pueblo en las afueras de Bari, y es ahí que di comienzo a mi actividad profesional.

¿Siguió algún tipo de estudio, en alguna escuela de fotografía, o eres autodidacta?

Soy exclusivamente un autodidacta, aprendí solo, a través de los grandes fotógrafos, empezando por mi hermano que me dio el impulso inicial y también con los libros, estudié siempre solo.

¿Qué fotógrafos le han influido más?

Creo que dentro de la fotografía de bodas, desafortunadamente, no me fijé en nadie. En otros ámbitos sí, como en la fotografía de desnudo, porque me gustaba mucho la fotografía de estudio. Citaré a Robert Mapplethorp entre muchos otros grandes fotógrafos, a Richard Avedon, cuyos retratos eran muy esenciales, muy limpios, y otros, de distintos sectores también. En boda se habla de un reportaje… pero pienso que esta palabra no es adecuada para definir la fotografía de bodas, a la que es mejor definir como un foto más espontánea, más natural, una foto documental que es diferente del reportaje.

¿Qué definición te convence más a la hora de definir la fotografía?

Como trabajo, no, en absoluto. Hoy se ha convertido en… yo digo que, por suerte, he unido la pasión con la profesión. Me pagan por hacer una cosa que me gusta. En cuanto a la definición, para mí es arte, arte puro. Opino que, una cosa que hay que tener en este trabajo, si se puede llamar trabajo, en este oficio, como en muchos, es la pasión, la sensibilidad del artista, tiene que gustar, se necesita pasión. No es posible, no pueden hacerlo, no puede hacerlo cualquier persona en plan de oficio.

¿Y si se es fotógrafo pero no tan apasionado?

Se podría hacer una distinción… opino que están el fotógrafo comerciante por un lado, y luego el profesional, como es mi caso, el cual no lleva una tienda, sino un estudio. Y como tal se encarga sólo del aspecto profesional de la fotografía, no de las ventas, no se ocupa del aspecto comercial.

Pero es importante el aspecto comercial también para un fotógrafo, aun con pasión…

Creo que en esta época es fundamental pensar también en el aspecto comercial, puramente de marketing, porque ya no se puede pensar que es posible ser artista sin vender el producto. Yo vivo de esta actividad, con lo cual es justo que me plantee la venta. Inserto, con moderación, el factor comercial en mi actividad, pero prevalentemente intento preocuparme por el aspecto puramente artístico.

¿Su trabajo actual es la fotografía de matrimonio, básicamente, o trata también otro tipo de temas?

No, esto es todo. Raramente realizo eventos importantes, no sólo en Italia sino, de vez en cuando, en el extranjero también. Estoy especializado, si se puede utilizar esta palabra, en la fotografía de bodas.

¿Y por qué?

A ver, antes de obtener los certificados QEP y MQEP, de la FEderación Europea, aunque no exista una escuela en mi país, me especialicé en la fotografía de bodas, es decir que hace más o menos quince años me planteé en serio dedicarme a la fotografía de bodas. Y fue así que empecé a estudiar sólo la fotografía de bodas en todos sus aspectos. Mientras que antes hacía fotos de estudio también, de desnudo o de otros temas, fotos de investigación, retratos, muy muy especiales. Espero un día poder volver a juntar la fotografía de bodas con estos géneros, para que me dé un estímulo adicional.

¿Cómo fue ese proceso de especialización?

Estudié en particular la zona donde resido. Es decir al estudiar lo que es la fotografía de bodas, el por qué, cuáles eran los usos, las costumbres y las tradiciones de nuestro país —quiero decir nuestra tierra, la ciudad de Bari y sus alrededores y otras zonas también—. Intenté concentrar mi energía en este sentido, satisfacer cada día más las exigencias y las preferencias de cada pareja. Cuando abrí mi estudio en 1988 yo estaba, como decir, me había colocado en el pedestal y decía: si la gente quiere acudir a mí, que venga, y si no quiere me da igual porque yo soy así. Luego me di cuenta de que, sin dejar de trabajar según mi estilo, tenía que ser un poquito más comercial, es decir acercarme a la gente también. De hecho, lo que pasó fue la unión entre la fotografía, es decir mi género de fotografía y la «organización». Dentro de la organización está el hecho de que estudié cada pareja. Cada pareja que entraba en mi estudio la utilizaba como muestra para entender todos los elementos que componen la boda. Me olvidé de todo lo que había adquirido antes, de la manera de trabajar de los demás, y empecé a aplicar un método de trabajo en mi estudio.

Pero usted, como fotógrafo, disfruta de la fotografía de matrimonio como de un retrato, un paisaje…?

Tengo que decir que soy alguien muy romántico y sensible, con lo cual me gusta este género de fotografía. Vivimos en una época especial, tenemos ritmos muy frenéticos, rápidos, y yo he intentado adaptarme a la realidad que me rodea, no podía seguir como antes, como hacen unos colegas, con todo respeto por ellos, encima del pedestal. He bajado y me he acercado al mercado. Me he adaptado. Me gusta hacer fotos románticas, creativas, pero tengo que adaptarme. De hecho muestro mi sensibilidad a través de las fotos que hago y que cuentan una historia. Porque entro en la intimidad de las personas. No quiero traicionar sus expectativas, También realizo fotos más estudiadas, cuya composición se ha creado con más estudio, y con fotos creativas. Para poder dar rienda suelta a mi creatividad. Pero esa se conecta a la foto urbana, porque ellos, los novios, no quieren concederte mucho tiempo para sacar las fotos, si yo le pidiera que se colocaran para hacer sólo fotos creativas nunca lo harían. Entonces yo empiezo al revés, por las fotos urbanas, las fotos naturales, espontáneas, cinco minutos, ningún problema, etc. y produzco fotos que cuentan una historia, aunque lo que me gusta es esta combinación. En realidad no hay un verdadero estilo que me distingue, no. Tras la espontaneidad de la foto urbana, si observamos bien, hay todo un estudio y una preparación. Es a través de la investigación que he llegado a poder hacer eso.

Usted combina fotografía de matrimonio con la fotografía de reportaje íntimo…

Exacto, es la que yo llamo documental, o documentativa. Sin estas fotos no hay boda, porque no se pueden hacer sólo las fotos a los novios en exteriores. Hay muchos fotógrafos que piensan que hacer fotos de bodas significa sacar las fotos después de la iglesia, del ritual religioso, ir a un lugar y crear una foto bella, creativa. Sí, está bien, pero la boda es esto… Luego uno puede aplicar su propia personalidad al trabajo, añadirle la foto urbana, darle más creatividad y sumar la vertiente contemporánea. Tenemos lo contemporáneo porque hacemos fotos escuchando los tiempos en que vivimos. Tenemos la vertiente personal porque en la primera parte, que describe la boda, el fotógrafo puede añadir su lado creativo.

¿Sus fotos documentativas siempre son en blanco y negro?

En general es lo que más encaja, lo más adecuado, porque tiene un punto de misterio y la foto queda mucho más delicada. Es más indicado para esta foto documental que cuenta una historia.

¿Y la fotografía metropolitana?

No, en absoluto, es color, es vida, porque en la ciudad hay vida, hay color, mejor dicho, tiene que transmitir todo eso con mucha fuerza y energía. Aun así, no tiene que haber una brecha entre los distintos géneros. Por eso se necesita homogeneidad. Yo siempre enseño un proyecto completo, bastante homogéneo, no sólo varias fotos de una boda, la más bonitas. Muestro entero el proyecto, y proyectos de otras parejas también.

¿Cómo entrega este trabajo a los novios? Álbum, carpeta con hojas sueltas…

En un álbum. Utilizo distintos tipos de álbum, porque el mercado es heterogéneo, con lo cual es imposible imponer una tipología. La foto sigue siendo mi foto, el contenido sigue siendo lo que es, pero al novio le puede gustar de una forma y a ella de otra. Así que preparo el álbum de dos o tres maneras. or ejemplo, uno es el álbum tradicional. Bueno, relativamente, porque las fotos se insertan en cada página en un formato rectangular, no cuadrado, con un paspartú. Y las fotos, al cerrar el álbum, no se tocan, no se juntan, no se estropean. Al abrirlo, en la mitad también, el álbum se queda siempre totalmente llano, es un álbum especial, hace más de diez años que lo utilizo y la idea es bastante innovadora. Y si los novios no lo quieren así porque se dejan llevar por esta nueva tecnología de impresión, es decir el álbum digital, yo hago al álbum digital también y lo personalizo, claro. La impresión de las fotos es de página completa y tiene una configuración gráfica, pero el contenido sigue siendo el mío, se ve la diferencia. Claro, es más bonito verlo en el tradicional, se aprecia más, si pudiera lo entregaría todo en Fine Art. Pero no es justo porque los clientes que quieren el álbum en Fine Art representan una pequeña parte del mercado.

¿Cuántas fotos suele entregar en un álbum?

Es difícil de responder, porque para contestarte te tengo que explicar que en el estudio tuve que establecer cuántas son las fotos importantes para documentar la boda. Por ejemplo, para que el proyecto incluyera las fotos en la casa de la novia, las con los padres, la entrada en la iglesia, las alianzas, las firmas, las hostias, la salida, el corte del pastel, digamos todas las fotos que representan la boda, establecí que se necesitaban veinte fotos. Un mínimo de 20. Para el resto de fotos, hasta cien, puedo insertar las que quiera. Todas las fotos creativas, las que me gustaría añadir, sin olvidar el hilo conductor, la estructura, es decir, las fotos documentales, y después las demás. Hoy ninguna pareja me pregunta cuántas fotos habrá. Entonces yo hago un servicio fotográfico e intento compaginar las imágenes según un número preestablecido de páginas, según las que se necesitan. Claro que no se habla de un único formato, hay páginas en donde puedo configurar más de una imagen, siempre de una manera muy elegante y refinada.

¿Usted permite a los novios, al matrimonio, que escoja las fotos?

A través del estudio y de la investigación he seguido un proceso de evolución. Antes lo hacía todo yo y lo escogía todo yo. Pero me di cuenta de que ya no podía hacer caso omiso del deseo de los novios de hacer su elección. Cierto es que yo preparo toda la obra, dejo el proyecto abierto, y cuando ellos vienen a verlo, normalmente le gusta así como está. Como mucho me hacen quitar una foto o sustituirla, pero el proyecto ya lo tengo listo. Ellos me lo hacen cerrar, aplico las variaciones de precio, si las hay, y sigo con la encuadernación y la presentación final. Siempre he funcionado de una manera diferente que la mayoría. Lo digo porque otros fotógrafos enseñan las pruebas, las fotos en miniatura, los novios se llevaban las fotos y volvían después para devolverlas y pedir las que querían. Yo al nunca utilicé este método porque siempre he elegido yo, cosa que no le ha gustado a todo el mundo. He entendido entonces que tenía que respetar sus deseos, y fue así que empecé a funcionar de esta manera. Quiero explicar otra cosa que es fundamental. En Italia, y sobre todo en mi tierra, me llaman el «Fotógrafo Schumacher», no sólo por mi manera de trabajar, ya que soy muy rápido y no les robo tiempo a los novios —tenemos un tiempo muy justo ya pactado con la pareja—, sino en la entrega del trabajo también. El año pasado hice alrededor de noventa bodas. El plazo de entrega es de menos de un mes. Y no sólo las fotos, sino el vídeo también. Y nadie se lo cree. Para mí es sorprendente el hecho de que algunos llegan a atener un plazo de entrega de un año, un año y medio, dos… No sé si en España pasa lo mismo.

Supongo que dispone de un equipo de personas que te ayudan en ese reto…

En efeco, pero integrado por pocas personas. Estoy yo, mi mujer, que se ocupa de la producción, y otra colaboradora. Y luego un asistente personal.

He comprobado que al realizar la foto capta ya el encuadre final que tendrá terminada.

¿Usted no reencuadra en postproducción?

Así es, encuadro en el visor lo que quiero cuando hago la toma. Tengo mucha precisión. Siempre reencuadro la foto en el disparo, no luego en el ordenador. Ni se me ocurre.

Su formato de foto siempre es rectangular…

Es del formato del negativo de la cámara con la que trabajo. Siempre utilizo todo el negativo. Lo que tú ves en la impresión es exactamente lo que he fotografiado.

¿Siempre, o más o menos?

No hay más o menos. Siempre. Encuadro en el visor sólo los elementos que me interesaban. La inclinación de la cámara también. Excluyo todo lo que no me interesa. En mi cabeza limpio lo que veo y al poner el ojo sobre la cámara ya se lo que quiero. Muchos fotógrafos toman fotos y después en la post-producción agarran esto, lo desplazan por arriba y por abajo. ¡No!, vamos, no puede ser. Con todo respeto, por supuesto.

Pero a veces es posible encontrar con el reencuadre otra foto dentro de la foto original, y que incluso sea mejor…

Claro. Si gusta así… Yo estoy de acuerdo si el fotógrafo tiene una razón válida, para hacer una foto especial, en otras palabras para investigar, eso sí. Pero que en cada foto tenga que investigar sólo porque así le gusta, pues eso no. No, la foto te tiene que gustar al sacarla, tienes que ver todo ello antes de acercar la cámara al ojo.

Usted se lo pasa bien interactuando con los novios mientras les fotogafía. ¿Hay que tener una personalidad también especial para hacer eso. No es sólo técnica, no es sólo encuadrar, sino es tu manera de ser que es especial también?

Absolutamente, “claro”, sí.

¿Cómo definiría su estilo de fotografía, si se puede definir?

Actualmente estoy en un momento de transición, y no puedo definirme con un estilo que me limita a nacer y a morir. De esta manera, estoy viviendo esta transición. Igual dentro de un tiempo voy a cambiar otra vez, pues tengo la exigencia de cambiar.

¿Conoce a más profesionales que se parezcan a usted en esa dinámica de entender la fotografía?

Pues, hasta hace poco tiempo no lo sabía. Luego he descubierto que hay alguien que hace este género de foto, estoy hablando de Yervant. No creo que él lleve mucho tiempo dedicándose a este género de foto, como desde que yo empecé. Hace sólo unos días, en mi estudio, al mirar unas fotos que tomé hace quince años, descubrí que empecé a hacer este género de fotos sin tener, como decir, una idea muy clara y concreta, pero era consciente de que tenía que hacer algo diferente, de que no podía seguir el estereotipo, este vinculo, lo que se hacía fuera, siempre he ido buscando algo de diferente. Yervant es muy bueno. Él cuida más la post- producción.

Cuando se le ve trabajar, usted es de esos fotógrafos que parecen tener un fotómetro dentro de la cabeza…

A ver, para mi la luz es fundamental, es primaria. Creo que tengo una sensibilidad muy fuerte para ver la luz. Esto me pasa no sólo con la luz, sino en cada momento del día, no sólo cuando estoy tomando fotos. Yo siempre voy haciendo fotos mentalmente. En todo momento. La luz compone, guía la imagen, tengo la sensibilidad para detectar los matices y, como no puedo cambiar la luz porque el sol no se desplaza, coloco el sujeto de una manera tal que pueda dosificar la luz, aprovechando lo que hay.

Usted dice que el uso del flash, cuando alguna vez lo utiliza, tiene que estar dentro de la homogeneidad de todo el trabajo que hace, si no, no sirve, si no, no lo utiliza…

No lo utilizo por varias razones. Principalmente porque intento conseguir que las imágenes sean homogéneas. Pero cuidado, si los novios han elegido esta iglesia, aunque sea oscura, este restaurante, han decidido casarse por la tarde, o por la tarde noche y no por la mañana, los novios han hecho sus elecciones. Yo tengo que pensar que ellos lo ven así, y debo intentar proporcionarles las fotos que ellos ven. El ambiente que ellos perciben. No quiero traicionar lo que ellos ven. Porque si yo transformo esta foto, ya que me gusta una foto desaturada, que tenga un color falso, todo azul, misterioso, pero si ellos no se reconocen en eso, ya no es la realidad. Y es parte de mi proyecto, presentar lo verídico, lo real, lo contemporáneo, debo tener una referencia, una línea.

¿Qué importancia le da usted a la cámara, al equipo que usa?

Aquí me encantaría plantear a otros colegas utilizar en una ceremonia, en una boda, las cámaras de usar y tirar. No una cámara de 10.000 €, sino una cámara de 10 €. Porque si conoces la luz, si tienes la sensibilidad de capturar las emociones, el sentimiento, no te hace falta una cámara de 10.000 €. Está claro que Schumacher es tan buen piloto que si conduce un buen coche saca todo su saber hacer, pero si una persona no sabe, no logra conducir ni un Seat 500. El profesional, tiene que demostrar que es profesional con la cámara que sea.

¿Qué elementos no deben faltar en una foto de boda?

A ver, la idea de fondo para mí es que casarse es algo que se desea, que se siente. Pues, si dos personas se casan porque lo sienten, yo me propongo como testigo para grabar lo que harán aquel día, sus elecciones, sus lugares como decía antes, pero también sus emociones. Y a través de mis habilidades tengo la tarea de hacer la foto documental bella.

¿Retoca sus fotografías? Ojeras, arrugas…

Nada de nada.

¿No retoca absolutamente nada?

Nada. Mi retoque es la luz. Para retocar busco la armonía, la poesía en el rostro, en la postura. Si la calidad de la luz no es suficiente pues no tomo primeros planos. Estas fotos se hacen cuando el sujeto lleva el maquillaje recién hecho, limpio, fresco y la calidad de la luz es excelente. Si yo saco una foto excelente, el trabajo de postproducción es casi inexistente. A veces puede ocurrir, pero nada quiere decir nada. Casi no hago trabajo de postproducción.

¿Piensa que hoy día se abusa del retoque?

Creo que todo el mundo abusa, que se hace un uso desmesurado del retoque, creo que sí. Si entre estos fotógrafos hay un verdadero artista, tiene todo mi respeto, o un fotógrafo que desarrolla un buen proyecto, pues me inclino ante él también. Pero si no es así y lo hace por gusto, como para decir “pues, esta cosa la voy a hacer así”, no va a funcionar.

¿Cómo ve el futuro de la fotografía de boda?

¿Y su evolución personal en este sentido?

Es bastante difícil contestar a esta pregunta. Lo que puedo decir es que estoy trabajando con lo que tengo en esto momento, pero no sé lo que pasará mañana. Decimos que soy un fotógrafo urbano, para dar un marco al trabajo de investigación y de estudio que justifica mis fotos. Los tiempos cambiarán otra vez, y está claro que tendré que adaptarme.

Piensa que la fotografía de matrimonio que hace sería diferente si viviera en Alemania, en Francia, España, Ucrania…

Sí, sí, por supuesto, tienen culturas diferentes. Yo puedo, como decir, utilizar mi idea, luego tengo que darle una forma, expresarla con referencia a mi tierra. Me he adaptado a mi región, con lo cual no podría trabajar sólo como me guste a mí. Tengo que adaptarme a las circunstancias, a la región, a la cultura, a los usos y a las costumbres.

¿Ha pensado publicar un libro con sus fotografías?

Me lo estoy planteando seriamente. Justo antes de venir aquí he contactado con un editor de nuestra región que publica libros sobre nuestra tierra. Tengo que volver a verle con un proyecto más estructurado, estudiado para las circunstancias.

Usted suele utilizar los anuncios publicitarios para hacer sus fotos con la pareja de novios. En algunos sectores se dice que los fotógrafos de publicidad se sienten por encima de los fotógrafos de boda. ¿Qué piensa al respecto?

En absoluto es así. Venga, no es posible. Es como cuando se decía que la fotografía no es arte, yo no estoy de acuerdo. Es como pensar que un fotógrafo que se dedica a la fotografía social, de matrimonio, no pudiera llegar a hacer fotografía de publicidad. En una boda yo hago fotografía de publicidad, y también de naturaleza muerta, retrato, paisaje, arquitectura, still-life y reportaje. En la foto de bodas hay una fusión que ningún otro fotógrafo de ningún otro sector puede hacer, porque no tiene las cualidades y las capacita des necesarias. Las bodas son una buenísima escuela de entrenamiento, porque encierran muchas ramas de la fotografía.

¿Qué proyectos tiene a la vista?

Me gustaría volver a hacer las fotos de estudio, porque en las fotos de bodas tengo limites, hay que trabajar a una determinada hora, en aquellas circunstancias, con la luz que haya, etc. En el estudio podría investigar más, experimentar más, como lo hice en otra época, me gustaría mucho, quizá pudiera compaginar la foto de bodas y la de estudio. Igual es la foto de estudio la que haré hasta el final de mi vida, en el sentido de que es algo que puedo hacer con más tranquilidad, bajo menos presión, ya que no creo que dentro de diez años aún tenga la misma energía.

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Antonio Fascicolo workshop fotografia matrimonio – FEPFI”

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